Al sentarme a escribir este texto me vinieron a la mente varios momentos de mi maternidad que puedo marcar como dolorosos y parteaguas en la elección de la escuela de mis hijos. A veces fue un festival; un comentario de algún docente; problemas con los compañeritos; pláticas con otros padres; y, en otras ocasiones, cambios en mi propia percepción de la educación. Y es que los niños pasan por lo menos un 25% de cada día ahí, sujetos a un programa académico, un reglamento, los estilos de cada profesor y cierto número de amistades… ¿cómo no estar preocupados por escoger la mejor escuela?
Pero ¿es una elección para siempre? ¿Se vale cambiar de opinión? Conforme van creciendo surgen situaciones en la vida escolar de nuestros hijos que comienzan a incomodar. No es necesariamente un problema grave, no siempre es una queja clara… a veces es sólo una sensación. Nos damos cuenta por un comentario que se repite, una expresión en su cara al hablar de cierto maestro. Una decisión de la escuela que antes nos habría parecido normal y ahora nos irrita. ¿Será para tanto? ¿Está pasando algo… o soy yo?
Antes de reaccionar – cambiar de colegio, confrontar, descalificar o defender – quizá vale la pena hacer una pausa más profunda y preguntarnos: ¿De dónde viene la incomodidad?
Los hijos
Como todos los seres humanos, nuestros hijos están en constante evolución y por ello no son los
mismos cada año. A veces ni siquiera cada semestre. La primaria no se vive igual que la secundaria. La
adolescencia no interpreta a la autoridad igual que la niñez. Lo que antes era disciplina aceptable,
ahora puede sentirse como injusticia. Un niño que era sociable podría atravesar una etapa de
aislamiento. Un conflicto con un profesor podría amplificarse por la sensibilidad emocional propia de la
edad. Es más, a veces uno de nuestros hijos transitó sin problemas todas sus etapas en una escuela, pero
el otro no… porque cada hijo es distinto.
Aquí conviene preguntarnos con honestidad:
* ¿Lo que me preocupa viene de hechos concretos o de la emoción con la que mi hijo los narra?
* ¿Este malestar es constante o reciente?
* ¿Estoy escuchando todo el contexto o sólo la parte que más duele?
* ¿Podría tratarse de una etapa y no de un problema estructural?
La institución
Las escuelas también atraviesan por distintas etapas: cambian directivos, se ajustan
reglamentos, se fortalecen normas, se flexibilizan criterios, se transforman enfoques académicos… Lo que
antes encajaba perfectamente con nuestra familia puede comenzar a sentirse distante.
Analicemos entonces:
* ¿La institución cambió su esencia o sólo su forma?
* ¿Este ajuste impacta directamente en el bienestar de mi hijo o sólo nos saca de la zona de
confort?
* ¿Estoy reaccionando al cambio en sí o a lo que representa para mí?
* ¿He buscado entender las razones detrás de la decisión?
* ¿Se encuentra la escuela en una etapa de reajuste y estabilización?
No todos los cambios institucionales son negativos, pero sí todos requieren comprensión
antes del juicio. En cuanto nos ponemos en una actitud a la defensiva podemos dejar de hacer equipo con
nuestros socios en la educación de los hijos.
Nosotros
Ésta podría ser la parte más incómoda… y más poderosa. Nosotros también cambiamos… Especialmente
en este mundo post pandémico muchos tuvimos un reajuste en nuestra jerarquía de valores…
Quizás cuando elegimos esa escuela buscábamos disciplina firme pero hoy valoramos más la
contención emocional. Antes queríamos alto rendimiento académico, y ahora buscamos equilibrio. Antes
confiábamos sin cuestionar y hoy analizamos cada decisión.
Así nos damos cuenta de que el conflicto no necesariamente está afuera, sino en la evolución
de nuestros propios criterios:
* ¿Mis expectativas actuales son las mismas que tenía cuando elegí esta institución?
* ¿Estoy proyectando experiencias personales de mi infancia?
* ¿Estoy idealizando otra opción que en realidad tampoco sería perfecta?
* ¿Hablo desde la reflexión o desde la emoción?
* ¿Realmente se han vuelto incompatibles mis nuevos criterios con la escuela?
Y quizá la pregunta más importante ¿ESO QUE VALORÉ, SIGUE SIENDO IMPORTANTE PARA NOSOTROS
HOY? Si la respuesta es sí, probablemente el conflicto es puntual y merece diálogo. Si no, entonces el
análisis es distinto: no se trata de que la escuela esté mal, sino de si sigue siendo coherente con
nuestro proyecto familiar. Pero entonces ¿cómo tratar la situación sin provocar un problema mayor?
¿Cómo tratar el conflicto sin romper puentes?
Evidentemente, cuando somos adultos maduros entendemos que no todos los desacuerdos son señal de
ruptura… incluso en muchas ocasiones éstos nos llevan a fortalecer relaciones si son tratados
correctamente.
Podemos intentar:
* Escuchar primero a nuestro hijo sin asumir culpables.
* Pedir información completa antes de formarnos una opinión definitiva.
* Diferenciar HECHOS de INTERPRETACIONES.
* Buscar reuniones para la colaboración, no la confrontación.
* Darnos tiempo antes de tomar decisiones definitivas.
Cuando las diferencias con la escuela aparecen, no significa que nos equivocamos al elegir
el colegio, más bien son señal de que estamos atentos. Ignorar la incomodidad o darle demasiada
importancia puede generar un conflicto mayor. Por ello es importante discernir el origen del problema
para poder decidir con mucha más conciencia y no en la fiebre de las emociones. No temamos que nuestros
hijos tengan problemas en la escuela, es una gran oportunidad de ayudarlos a enfrentarse a la vida.